De todos es sabido que de un buen jefe podemos llevarnos muchas lecciones. Pero de un mal jefe ¿podemos aprender algo? Pues más de lo que imaginas, aunque sólo sea por compensación. Yo mismo puedo poner un buen ejemplo de ello. Y es que durante algunos años tuve una nefasta jefa, de la que me llevé muchos aprendizajes. ¿que cómo lo hice? Pues hoy te cuento todo lo que aprendí de un nefasto jefe.
Mi jefa era mala de manual. Guardaba la información como si fuera un tesoro, o la compartía repartiéndola entre los miembros del equipo para generar estrategias que facilitaban que nos lleváramos todos mal con todos. Las malas noticias sí que nos las hacía llegar. En forma de castigo y poniendo a parir a quien surgía en cada momento delante del resto del equipo. Aprendimos directamente a ocultar las noticias que pudieran rebotar hacia nosotros.
Cuando algo salía bien, se llevaba el mérito no sin antes decirnos que no valíamos para nada y que si no estuviera ella allí no hubiéramos logrado nada. Cuando algo salía mal ( por nuestra responsabilidad o no) cargaba con furia todo su enfado con nosotros. Y por supuesto las promesas o cualquier acción a futuro se las llevaba el viento . Un tesoro de jefa.
Cuando una mala jefa se convierte en una de tus mejores maestras.
Obviamente ella no se dio cuenta. Lo hizo sin querer. De hecho, los líderes que son nefastos no tienen ningún interés en que su equipo aprenda algo. A ver si va a ser que le van a quitar el puesto. Lo realmente interesante es que si te das cuenta de que es un mal líder, indirectamente te están enseñando lo que no hay que hacer. Y esa lección es las más valiosas. Es como cuando en mis sesiones de coaching ejecutivo en Madrid el cliente no me cuenta lo que quiere pero si lo que NO quiere. Y esa información es oro puro.
¿por qué logramos aprender algo de un mal jefe? Porque el buen liderazgo parece fácil de copiar especialmente cuando el líder resuelve conflictos y toma decisiones en el día a día casi de forma automática. Sin que nos demos cuenta. Ni aprendamos nada nuevo, porque es lo normal: un buen líder se debería comportar como un buen líder. ¿sabes lo que pasa? Que como lo suelen hacer todo bien, no nos damos cuenta de nada. Solemos fijar nuestra atención solo en los errores. Y entonces , como no hay errores, no aprendemos tanto que cuando los hay.
El mal líder deja todos sus defectos a la vista. La humillación hacia el equipo es percibida por todo el mundo. El mérito robado sale en la portada de la intranet. La promesa que jamás cumplió brilla por su ausencia. Y por supuesto toda la planta es capaz de escuchar ese » esto se hace así porque lo digo yo «.
Cada uno de estos (malos, muy malos) momentos, quedan grabados como experiencias nefastas en nuestra mente.
Todavía me acuerdo del día que mi jefa se puso a decir a grito pelado que le faltaban 1 millón de euros del presupuesto de ese mes y que si alguno de nosotros se lo habíamos robado.
Si si, seguro que crees que era una broma. No lo era. Nos hizo sentir tan mal a todos que lo recordamos a la perfección . Porque le dolor, aunque en el momento te fastidie, es un maestro valiosísimo. Te enseña con habilidad dónde está el daño, y cual tiene que ser la reparación . ( En este caso obviamente era nos cambiaran de jefa, algo que nunca pasó porque me fui yo antes) .
Con el tiempo, me tocó liderar a mi y tomé una decisión: hacer lo contrario de lo que había aprendido de ella que tenía que hacer. Y empecé a agradecer al equipo todo lo que hacía, a ponerlo en valor celebrándolo, a asumir errores míos delante de todo el mundo, a permitir que mis colaboradores crecieran incluso por encima de mí dentro de la empresa.
Comparto los números pronto, aunque no sean buenos. Doy las gracias a quien me trae un problema, porque me ha ahorrado una crisis. Trato los errores como datos, no como traiciones. Reconozco los méritos en público y asumo los fallos en privado.
Y esto no sólo pasa en las empresas. También ocurre con amigos, incluso con la educación de los niños. Cuantas veces he oido a mis amigos cuando son padres primerizos: «Cuando tenga hijos no les voy a hablar como lo hacía mi padre conmigo, y no voy a gritar, ni les voy a comprar caprichos»… todavía me entra la risa cuando se lo recuerdo… Muchos padres ( y madres ) se convierten exactamente en sus padres para implementar la misma educación que recibieron. Otros logran lo contrario. Pero indudablemente recordamos más el dolor que el amor.
Ojo, que no quiero que tengas un mal jefe ni un mal padre para que logres aprender. Nadie debería sufrir para ser un buen líder o un buen padre. Y además, no todo el que sufre aprende, como en el caso de los padres que repiten los patrones de los suyos aunque supieran que en su momento les dolieron.
Como siempre te digo , no importa nada tu pasado, sino lo que tu decides hacer con él.
Si ahora tienes un jefe terrible, quédate con esto y grabátelo como un dogma: No importa lo que te haga, importa lo que tu haces con lo que te haga. Todo mal líder deja un rastro del que podemos aprender.
¿y tú? ¿qué repetirías y que no repetirías de pasados jefes tuyos? te leo en comentarios.

