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Dimitir no es el final, sino el principio

dimitir, aprendizaje
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Se viene una semana caliente , o más bien unas semanas calientes, desde el punto de vista político. Pero aunque no lo creas aquí no estamos para hablar de política. Sino de liderazgo. Y es que hay veces que el directivo tiene la sensación de que dimitir está visto como un fracaso, como el final de una carrera. Pero muchas veces no sólo no es un final sino más bien el principio de una nueva aventura, con aprendizajes a los que no hubieran llegado si no hubieran dimitido. Por eso , como todo, hay que verlo con una cierta perspectiva.

Mi padre me lo repetía hasta la saciedad. ¡si perserveras ganas! ¡constancia! ¡si abandonas ahora pierdes la batalla! Yo para mi pensaba que a lo mejor perdía esa batalla, pero que con esa decisión a lo mejor estaba ganando la guerra. En las empresas españolas lo más normal es que se separen los líderes en dos grupos: los que abandonan a un lado, y los ganadores ( que muchas veces no son capaces de asumir responsabilidades) al otro lado.

Tengo ahora mismo dos procesos de coaching ejecutivo abiertos con dos clientes que están pensando en abandonar su trabajo. Y les preocupa más la imagen que puedan tener sus propios compañeros de trabajo en la actualidad que la dificultad que supone empezar a trabajar en un sitio nuevo. Pero yo intento convencerles que abandonar no siempre es fracasar , y que sobre todo no lo pueden ver así. Porque siempre, incluso con los mayores de los fracasos , nos llevamos aprendizajes a los que no hubiéramos llegado jamás sin esos fracasos. Y esas enseñanzas valen oro.

Esta semana , leí un artículo que me ayudó todavía más a entender y escuchar mejor a mis clientes. Lo firma Mario Juarez García , que es profesor de filosofía, y cuenta algo que casi nadie es capaz de afirmar tan rotundamente. Rendirse te hace ser mejor persona. Y tiene que ver con su propia historia personal en los Estados Unidos.

Su experiencia la vemos todos los días. Profesor Mejicano que busca trabajo en universidad americana. Tres años buscando. Más de veinte amables rechazos con cartas escritas por la IA. ¿cual era su sueño? Ser filósofo profesional. ¿y qué le decían sus amigos y familiares? Déjalo ya, no merece la pena luchar más.

Obviamente ( me encanta esta palabra y la uso mucho antes de que se la apropiara la generación Z) Mario se hizo – muchas veces – la pregunta que todos evitamos: ¿tengo que abandonar ya o sigo a puerta fría? Finalmente abandonó , pero del todo , también dimitió de su puesto de profesor en Méjico y se incorporó a un puesto de oficina de los que hay millones. ¿era necesario? Si ¿por qué? Porque gracias a esa renuncia Mario descubrió lo importante.

Renunciar te permite verte desde otra perspectiva.

Lo que Mario tenía que dejar no era la filosofía. A veces tomamos decisiones drásticas de borrón y cuenta nueva pero no es tan necesario como parece. Lo que descubrió es que odiaba el trabajo de oficina. Porque no sentía que aportaba valor. Y dos años más tarde … encontró finalmente el trabajo que siempre había soñado.

¿fue la perserverancia lo que le hizo encontrar el trabajo? No. Fue la ausencia de perseverancia lo que le permitió tener otra perspectiva de si mismo y le enseñó a venderse de una manera diametralmente opuesta a la que hasta ese momento había ofrecido.

¿y cómo nos damos cuenta que es el mejor momento para abandonar? Pues no cuando nos lo dicen otros, sino cuando nos damos cuenta que el resultado de dejarlo supera lo que vas a conseguir si lo hace. Claro, que no es tan fácil, porque eso está lleno de subjetividades.

Para aclarar nuestras ideas este filósofo utiliza una metáfora que tiene que ver con la necera.

La nevera y el libro de recetas.

Imagina que un día llegas a casa desde el atasco y estás pensando qué quieres cenar. Antes de llegar a casa , te ves obligado a pasar por el supermercado, gastarte una fortuna en alimentos que no vas a utilizar en su totalidad, y luego haces la receta deseada habiendo invertido tiempo, dinero esfuerzo y pensamiento. Los objetivos mandan y el plato aparece.

Pero hoy quiero plantearte otra opción: abrir la nevera al llegar a casa sin pasar por el supermercado, y ver qué puedes hacer con lo que ya tienes, con lo que ya hay. Los ingredientes mandar y el plato aparece.

Cuando un emprendedor de éxito funciona es cuando ya ha fracasado varias veces. Cuando ha comprado muchas veces en el supermercado y la receta no es como esperaba que fuera. Solo empiezan a persistir cuando ya conocen lo que tienen en la nevera. Y les sale de cine.

Con las metas vitales pasa lo mismo. Nos pasamos la vida eligiendo objetivos desde lo que esperan otros de nosotros, y no desde lo que somos capaces de hacer y nos ilusiona. ¿cuantas veces se acierta con la combinación de ingredientes a la primera? Muy pocas. Porque a veces no sabemos ni lo que tenemos.

Y cuando descubrimos que no tenemos el talento para conseguir aquello que perseguíamos, se nos abren otras puertas .Y eso implica no tener que pasarnos años escribiendo un libro o preparando unas oposiciones. Porque cada meta que soltamos nos enseña algo. ¡incluso aspectos que nada tienen que ver con nosotros! Y es que aunque pongamos todo el empeño, a veces el contexto no nos ayuda.

En las organizaciones las renuncias son masters acelerados en aprendizajes.

Una renuncia más allá de ser vista como un fracaso es puro oro para las organizaciones. Porque los egos ( y la lucha que tenemos con ellos) hacen que los directivos no suelten proyectos muertos. O que equipos de trabajo arrastren indefinidamente en el tiempo iniciativas en las que nadie cree. O líderes incapaces de decir » lo siento me equivoqué, pero quiero empezar en otro lado». Gestionar el cambio implica saber soltar aquello que no funciona.

Tres preguntas que yo mismo me hago cuando dudo entre continuar o soltar:

1- ¿la dificultad tiene que ver con el proceso o porque yo no soy la persona adecuada?

2- ¿de verdad creo en el proyecto o me mantengo por todo el tiempo que he «gastado» en él?

3- ¿si lo dejara qué puedo aprender? ¿Y si sigo?

Mi propia nevera

En 2013 salté al vacío. Dejé el trabajo en la multinacional y monté un negocio que sigue teniendo éxito pero no el éxito que yo pensé. De hecho en 2020 empecé a hacer aquello en lo que aportaba más valor , en ayudar a otros a abrir su mente y encontrar soluciones donde antes solo había problemas. Perseverar es una virtud. Pero la virtud sin criterio es terquedad. Ya lo decía Nietzsche: » lo que no te mata te hace mas fuerte» … pero lo que no te hace más fuerte también puede decirte quién eres… y eso vale mucho más.

¿y tú? ¿qué abandono te enseñó mucho más que aquello que dejabas?


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