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Las autoridades locales y nacionales están insistiéndonos en que nos descarguemos la aplicación Radar Covid.  Una manera solidaria de contribuir con nuestros datos (con quien hemos estado son datos aunque forme parte de nuestra privacidad) para intentar controlar la enfermedad. Ahora bien ¿es verdad que solo rastrea teléfonos y no personas? ¿no analiza más que los datos referentes a las personas que hemos tenido cerca? ¿no estará espiando algún dato más que luego pueda ser susceptible de ser vendido?

Todas esas preguntas surgen irremediablemente en nuestra mente. Pero en una situación así deberíamos confiar en que todo el mundo es bueno, o al menos en el caso del Covid-19, todo el mundo tiende a ser buena persona y guarda nuestra privacidad. Por eso fui de los primeros que me instalé la famosa app y uno de sus mayores embajadores. Utilizo mis redes sociales para animar al mayor número de españoles para que se la descarguen.

Sería muy bueno que el Gobierno, que ha pagado su dinero por el desarrollo de esta aplicación a Indra, impusiera al desarrollador tecnológico la publicación del código en abierto. De esta manera los españoles al menos sabrían a ciencia cierta lo que hace y lo que no hace la aplicación. Y la completa privacidad de los datos estaría asegurada.

Entiendo que la gente se preocupe por la privacidad de sus datos. Incluso respeto que la normativa europea sea mucho más restrictiva que la norteamericana por ejemplo. Pero muy poca gente sabe que ya es demasiado tarde para protegernos. Cualquiera de los que tenemos un móvil que requiera de datos para que sus aplicaciones más famosas funcionen (Telegram , Whats app, Facebook,…) debemos saber que ya están usando nuestros datos. Y no siempre con la mejor de las intenciones.

Si bajas una aplicación y la utilizas sin pagar absolutamente nada, el precio que estás pagando son tus propios datos.

A ver si os pensáis que los banners publicitarios de viajes a Irlanda salen por casualidad tras haber estado hablando de por qué no hacer un viaje a menos de dos horas de España (ni siquiera hace falta que lo escribas, los móviles nos escuchan) . Incluso una vez oí a alguien decir que si alguna vez quieres mantener una conversación absolutamente privada no apagues tu móvil . Apágalo y llévalo a una habitación donde no vayas a mantener una conversación y puedas hacerlo en la más estricta privacidad.

Una de las apps más famosas para espiar conversaciones activa la grabación del sonido justo cuando apagas el móvil ¡qué casualidad! ¿no da miedo?

Pero no hablemos solo de sonidos, también de imágenes. Hoy es difícil salir de casa sin ser “observado” por el ojo que todo lo ve. Cámaras en cajeros, en el interior de los taxis y Uber, en los supermercados, en los colegios. Cámaras por todos lados. España ocupa un nada envidiable puesto 14 en cuanto al número de cámaras instaladas de vigilancia ( unas 20 cámaras por cada 1.000 habitantes). Pero ¿estas cámaras son de vigilancia, de seguridad, o de espionaje? Pues he aquí el problema. Nadie sabe el uso que se están dando a esas grabaciones.

Madrid se encuentra entre las 30 primeras ciudades del mundo en cuanto a cámaras de vigilancia por habitante .

No hemos llegado al nivel de Japón , donde las pantallas de led ofrecen anuncios personalizados como ocurría en la peli de Minority report. Ni llegamos de lejos a la invasión de cámaras que hay en China (150 cámaras por 1.000 habitantes) . Pero estamos siendo grabados y la inteligencia artificial y el machine learning están haciendo su trabajo correctamente. Nuestras caras están siendo reconocidas allá donde vamos y esos datos pueden estar siendo compartidos o analizados. La policía estadounidense de hecho ya tiene acceso a una aplicación ( Clear View) que permite hacer una foto a cualquier sospecho y obtener en segundos su identidad pública.

Imagina que en breve , estás en un bar , y alguien te hace una foto para saber quien eres. ¿crees que estamos muy lejos de esto? Pues yo creo que esta tecnología está a la vuelta de la esquina y sus desarrolladores ya buscarán defectos en la GPDR para que la pueda usar todo hijo de vecino.

Soy de los que cree fielmente que la tecnología ha venido para ayudarnos. Pero también creo que los legisladores no están yendo a la misma velocidad que el avance de los dispositivos de recopilación de datos. No sólo necesitamos leyes severas, también sentencias casi inmediatas y castigos severos. Si no, este mundo es capaz de ser dominado por unos pocos , los que tienen los datos y el resto , a verlas venir.

Eso sí, por favor, bajaros la aplicación de Radar Covid. Creo que merece la pena contribuir entre todos a salir pronto de esta terrible pesadilla. ¡os lo pido por favor! Y si quieres que de una conferencia en tu empresa sobre tecnología y transformación me pongo a tu disposición.

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