Queda un poco más de 24 horas y sigo pensando que gran parte del éxito que está alcanzando España en el mundial de fútbol tiene mucha similitud con el liderazgo. Mañana en Nueva York se sabrá quién levanta la Copa del Mundo. Y antes de que ruede el balón, alguien ya ha dicho lo importante. Después de eliminar a Francia, el portero Pepe Reina lo resumió en una frase que debería colgarse en la sala de juntas de cualquier empresa: ganó el mejor equipo, no la mejor selección. Luis de la Fuente, el seleccionador, fue por el mismo camino: habló de esfuerzo, de sacrificio, de dar la mejor versión de cada uno. No habló de talento individual. Habló de la fuerza del equipo. ¿y eso cómo se mide?
Una Selección, como la de fútbol español con Rodri Hernández a la cabeza, es una suma de personas con un talento innato. Un equipo es lo que ocurre cuando esa suma de personas empieza a multiplicar, a dar resultados exponenciales. España lo aprendió por las malas. Durante décadas reunió a los mejores futbolistas del mundo —Barça y Madrid, generación tras generación— y no ganaba nada desde 1964. Tenía la Selección de jugadores óptima. Pero le faltaba crear al EQUIPO. Hizo falta que alguien ( en este caso fueron Aragonés , del Bosque y ahora de la Fuente) le diera a esa «Selección española» carácter, identidad, idea de equipo, para que aquel talento disperso empezara a producir resultados. Desde entonces, España gana.
Traduzco esto a la empresa: puedes fichar los mejores currículums del mercado, los títulos universitarios más prestigiosos del mundo, los MBA más caros. Eso es simplemente una (buena) Selección. Pero si esas personas no confían entre sí, no se cubren, no gestionan con criterio los conflictos ni deciden juntas cuando hay presión, tienes un grupo de talentos individuales rindiendo por debajo de su (enorme) potencial. Y eso, en el marcador se nota tanto como en la cuenta de resultados.
El talento ya no se mide por el título universitario
El artículo que probablemente ya has leído esta semana en EXPANSIÓN lo confirma con datos: el 30% de las ofertas de empleo en LinkedIn ya no exige titulación, frente al 19% de 2019. Las empresas han descubierto que la IA les permite medir lo que antes quedaba en manos de la intuición —empatía, criterio, trabajo en equipo— y que esas competencias predicen el rendimiento futuro mejor que un diploma enmarcado de una prestigiosa universidad extranjera ( o nacional, que también tenemos) .
Esto no es una moda de recursos humanos. Es un cambio de modelo sobre qué construye resultados. Esta misma semana me hizo mucha gracia porque me pidieron disponibilidad para un evento del INCIBE , y aunque no podía porque ya tenía la fecha ocupada, me exigían el título universitario. Tengo 54 años y no tengo ni puñetera idea de dónde está el título… lo hubiera perdido.
Palantir ya no espera a la universidad
Y aquí llega el ejemplo que más me ha hecho pensar esta semana todavía más . Palantir, la compañía tecnológica dirigida por Alex Karp, ha decidido que no necesita esperar cuatro años a que una universidad le entregue talento formateado. Ha lanzado su propia vía: la Meritocracy Fellowship, un programa remunerado de cuatro meses dirigido a jóvenes recién salidos del instituto, sin pasar por la universidad. Selección exigente —notas de acceso en el percentil más alto—, pero formación propia de la empresa desde el primer día.
Karp no se ha mordido la lengua sobre por qué lo hace: cree que en la universidad ya no se enseña cómo funciona el mundo real, y prefiere formar él mismo a sus futuros empleados en las competencias de liderazgo que necesita, en lugar de heredar los resultados de una admisión universitaria que considera defectuosa.
El mensaje de fondo es el mismo que nos deja la selección española: el título ya no garantiza el equipo. Lo garantiza la formación intencionada, sostenida, en las competencias que de verdad mueven resultados. El conocimiento ya no es un valor diferencial para llegar a tener éxito. Son las competencias de liderazgo que un sistema de IA todavía no puede replicar las que hacen que un equipo triunfe exponencialmente.
La pregunta que deberías hacerte en tu empresa
¿Estás construyendo una Selección o un Equipo?
Si tu criterio a la hora de contratar nuevos talentos sigue siendo el título, la universidad de origen, el número de años de experiencia, estás probablemente reuniendo a un grupo de talentos. Puede que ganes algún «partido suelto». Pero los títulos, como las selecciones, decepcionan si nadie ha trabajado antes la confianza, la gestión de conflictos, el propósito y los valores, la gestión de conflictos o la capacidad de decidir juntos bajo presión.
Si en cambio inviertes en desarrollar esas competencias —las mismas diez que llevo años transmitiendo en mis conferencias y talleres de liderazgo – toma de decisiones, gestión de conflictos, comunicación empática, inteligencia emocional, trabajo en equipo— entonces no tienes una selección. Tienes un EQUIPO. Y los equipos, a diferencia de las selecciones, no dependen de un sorteo de talento. Dependen de un trabajo compartido, de unas competencias que son como super poderes.
Mañana lo veremos otra vez sobre el césped. Once nombres con apellidos ilustres no garantizan nada. Once personas que confían entre sí, sí. El lunes, estoy seguro de ello, estaremos celebrando el triunfo de aquellos que supieron ver que su resultado individual era tan importante como el de su compañero. Que no es lo mismo jugar en grupo que como un verdadero equipo. ¡Ley de la atracción y a por ello!
