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Septiembre: la guerra vuelve a la oficina

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Hemos tenido algunos unos días y otros casi un mes para recomponernos. Pero me temo que no hemos hecho bien los deberes. O nos ha durado la fiesta unos minutos, una hora como máximo. Las tensiones con las que nos fuimos se han multiplicado por dos en Septiembre.  Y eso que hemos hecho ( algo ) de deporte, hemos tomado el sol y tenemos un móvil lleno de fotos de las que hablar y compartir. Pero las cosas no solo no son diferentes. Son iguales o incluso peores que en el mes de Julio. ¿qué podemos hacer mental, física y actitudinalmente para que no nos afecte tanto todo lo que no ha cambiado nada?

Ya sea el jefe con el que llevamos dos años de tensión, la compañera que te sonríe en el ascensor pero que luego te pone a parir en la máquina de café, o ese fabuloso plan de objetivos que llegando al Q3 no llegan ni al 30% de su cumplimiento. Todo está en nuestra contra. Y los plazos se acaban, pero sobre todo se acaba nuestra paciencia.

El cuerpo, espero que haya descansado. La mente, no tanto ¿verdad? Y es normal. Un mes de playa no siempre es capaz de borrar de un plumazo dos años de dinámicas de equipo inservibles, ( espero que no fueran las que hago yo) , ni deshace un conflicto de esos que nacen mal gestionados desde el principio. Y eso que para gestionar bien un conflicto lo primero que hay que hacer es diferenciar síntomas de problemas reales… y eso no se nos da nada bien. Ni con un mes mirando al infinito con la caipirinha en la mano logramos hacerlo. Por no hablar de los objetivos del bonus anual. Esos que te pusieron allá por el mes de Mayo pidiendo perdón por hacértelos saber tan tarde…

Vuelves con la sensación de que la guerra está exactamente donde la dejaste. Ni un sólo movimiento de trincheras. El reseteo no ha funcionado. Y no porque no hayamos querido, sino porque para que funcione, tenemos que empezar a manejar qué hacemos con lo que sentimos. 

La trampa del mes de Septiembre – La falsa vuelta al cole.

Yo creo que todos recordábamos la ilusión ( yo al menos si lo hacía) que teníamos con la vuelta al cole. En aquel momento el olor a libros y plumier nuevo nos quitaba todos los males. Pero aquí, en el mundo empresarial, es distinto. Y es que la trampa en la que inevitablemente caemos es pensar que el problema sigue estando en ellos. El jefe amargado, la compañera envidiosa y desleal, el objetivo imposible. Pero el gran Víctor Frankl escribió algo que yo uso en casi todas mis sesiones de coaching ejecutivo:

«entre lo que nos pasa y lo que hacemos con ello hay un espacio, por pequeño que sea.»

Ahí es donde vivimos la diferencia entre sentirnos víctimas de una situación o responsables de la misma situación con la respuesta que queramos dar a la misma. No es lo mismo culpa que responsabilidad. La culpa nos deja quietos, agotados. La responsabilidad nos devuelve al volante.

Pero si todavía tienes una especie de resquemor y cabreo profundo, y no sabes por dónde empezar hoy quiero compartir contigo trucos que funcionan con mis clientes.

  1. Dibuja tu círculo de influencia. Como el que hizo Covey.  Muy fácil. Dos columnas : lo que depende de ti y lo que no. Donde puedes actuar/accionar y donde no. El mal humor de tu jefe, porque no aguanta a su mujer obviamente no depende de ti, pero la preparación ante una reunión, si. Deja de invertir energía en aquello que es difícil que puedas cambiar, especialmente si es energía de pensamiento, que es la que más te desgasta. 
  2. Reetiqueta a esa persona difícil. Piensa de verdad , qué es lo que le lleva a comportarse como se comporta. A lo mejor llegas a la conclusión de que no es por ti. Que la vida le ha llevado por caminos difíciles y que es su única forma de defenderse ante lo que cree que es un ataque permanente.

1. Dibuja tu círculo de influencia. Coge un papel y haz dos columnas: lo que depende de ti y lo que no. El carácter de tu jefe no depende de ti; cómo te preparas antes de una reunión con él, sí. La lealtad de tu compañera no depende de ti; la claridad con la que documentas tus aportaciones, sí.

2. Dejar de gastar energía donde no puedes influir es, probablemente, el ejercicio más rentable que puedes hacer esta semana. Una compañera que te ataca puede estar llena de inseguridades. Y sé que sus ataques te pueden hacer daño, pero consiste en que los entiendas mejor, que sepas desde dónde actúa y que no te pongas en modo rencoroso.

3. Habla discute, propón. No te lo calles. Con educación y buena letra se consigue todo, que decía mi abuela. Si un objetivo es imposible de cumplir , exponlo con datos, con verdades. Que no quede que no lo intentaste. Al menos en tu mente, tú eres quien más responsabilidad tiene sobre tu pensamiento. Manda educadamente ese correo que lleva en borradores unos meses. O mejor todavía , tómate un café con quien decide. Los problemas empresariales hay que hablarlos cara a cara. 

4. Cuida los primeros minutos del día. Practica la meditación, respira con calma y escribe tres pensamientos que puedas activar para que todo no te afecte tanto. Seguro que tienes más de 10 motivos para ser feliz hoy. Pues quiero que te concentres ahí.

5. Mira a ver qué necesitas de cada quien. No sólo tus obligaciones, sino quién puede ayudarte o quién tiene que hacerlo. Revisa los valores que te aportan seguridad en el trabajo: pertenencia, valor aportado, propósito, crecimiento… ¿ cual está siendo mermado porque alguien no está haciendo su trabajo? Habla desde ese valor, expresa con claridad lo que sientes y no lo hagas desde el enfado o el rencor.

Septiembre no tiene por qué ser una guerra en tu empresa. Para eso ya está tristemente el resto del mundo. Pero puede ser además un buen momento para dejar de pelear en los frentes sobre los que no podemos influir ni cambiar, y en cambio invertir energía en aquello que sí podemos modificar.

¿con cual de estos frentes vuelves tu en Septiembre y cómo haces para ganar todas esas batallas abiertas?


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