Aunque muchos españoles se encuentran ya de vacaciones, muchos otros nos vemos rematando los últimos coletazos para dejar todo listo y tener el mínimo número de perturbaciones. Hoy quiero hablarte de algo que ocurre mucho más de lo que deseamos: ponemos todo nuestro empeño para que todo salga genial, y no paramos de recibir malas noticias: proyectos que no salen, ventas que no se hacen, colaboradores que se marchan…. y parece que todo viene a la vez. ¿qué hacer cuando parece que ya no hay salida? Pues todavía queda espacio para la motivación ( auto – motivación ) y quiero enseñarte cómo lo hago yo.
¿Cuántas veces has vuelto a intentarlo después de que algo saliera mal? ¿Y cuántas veces, tras el tercer o cuarto fracaso, has sentido que ya no te quedan fuerzas?
Hace poco hablaba con un líder en una sesión de coaching que llevaba encima dos rechazos de presupuestos que le hubieran salvado el año ( a él y a su compañía) . Un lanzamiento que no funcionó. Y una venta recurrente que dejó de ser recurrente de un día para otro. Y me hacía la pregunta que todos nos hacemos en algún momento: ¿cómo sigo motivando a mi equipo —y motivándome a mí mismo— cuando todo lo que tocamos últimamente se tuerce?
Vamos a hablar claro.
El fracaso duele más de lo que crees, y eso es normal y no podemos esperar que todo el mundo lo viva como lo vivimos nosotros .
La investigadora Teresa Amabile y otros psicólogos y científicos han estudiado la motivación: y son fans, como yo, de la ley de la atracción:
Lo que crees, lo creas… pero si piensas en negativo el poder de atracción de aquello que no te gusta es mayor que si lo haces en positivo.
Y eso traducido en la empresa es que emocionalmente un retroceso nos influye casi tres veces más que lo que lo hace un avance equivalente. No es debilidad. Es matemática emocional. Medida e investigada. Así que emocionalmente perder un contrato de 100.000 euros nos afecta 3 veces más que ganar otro concurso por el mismo importe.
Así que si después de un fracaso sientes que te cuesta el triple levantarte que lo que te costaría celebrar un éxito, no te estás volviendo un débil. Es exactamente lo que le pasaría a cualquiera. Y hay un efecto todavía más peligroso para un líder: cuando algo nos sale mal varias veces seguidas, empezamos a evitar el riesgo. Dejamos de proponer, de arriesgar, de liderar con seguridad y confianza. Nos volvemos prudentes por miedo, no por estrategia. Y esa prudencia, disfrazada de sensatez, es la que de verdad frena a los equipos. Porque ven esa prudencia, porque palpan esa inseguridad. Pero todavía hay esperanza .
La primera pregunta no es «¿cómo me motivo a mi y a mi equipo?». Es : «¿debo seguir?»
Aquí es donde la mayoría de consejos de motivación y gurús de la emoción fallan. Te dicen que sigas, que no te rindas, que la actitud lo es todo. Pero eso es mentira (al menos es mentira a medias) Rendirse, a veces, es la decisión correcta. Los líderes no solemos hacerlo mal por rendirnos demasiado pronto. Lo hacemos mal por obsesionarnos con proyectos muertos porque ya hemos invertido demasiado en ellos. Hay una serie de costes ocultos que no perdona ni a los mejores equipos directivos.
Antes de buscar esa motivación que todos necesitamos, PARA y hazte estas tres preguntas: ( siendo sincero en las respuestas)
– ¿Cuáles son ahora mismo mis probabilidades reales de éxito si sigo invirtiendo esfuerzo aquí?
– ¿Cuánto tiempo y energía me va a costar revertir la situación?
– ¿Qué otras oportunidades estoy dejando pasar por seguir empeñado en esto?
No deberíamos ver los fracasos anteriores como una maldición divina. Son información, son aprendizajes. Te dicen que el reto es más duro de lo que pensabas, y que el esfuerzo necesario es mayor. Eso no significa abandonar: significa recalcular con los ojos abiertos, analizando todos los escenarios.
Si, después de este análisis, la conclusión honesta es que abandonar es lo mejor para ti y para tu equipo, hazlo. No es fracaso, es liderazgo. Te pagan para tomar decisiones ( también las difíciles)
Pero si la respuesta es «sigo», entonces hablemos de motivación de verdad. MOTIVACIÓN en mayúsculas.
Aquí está el error que veo constantemente en la cultura del liderazgo motivacional: obviedades, sermones, frases de pared de oficina, «tú puedes con todo». Funcionan cinco minutos y se evaporan en la primera reunión difícil.
La motivación real no nace de un discurso. Nace de un plan en el que crees de verdad.
Y esto, para un líder, es absolutamente fundamental. Tu equipo no necesita que tú estés animado. Necesita ver que tienes un plan que tiene sentido en el que de verdad crees. La emoción sigue a la lógica, no al revés. Y se contagia.
Cómo construir ese plan
- Reduce la incertidumbre donde puedas. Si tras varios intentos con dedicación parcial las cosas no han funcionado, pregúntate qué pasaría si dedicaras recursos reales, no residuales, al problema. A veces la diferencia entre el fracaso y el éxito no es la estrategia: es que nunca le diste a la estrategia una oportunidad de verdad, el tiempo de calidad que de verdad necesitaba.
- Acepta cuando el plan no garantiza el éxito, pero sí garantiza aprendizaje. Si tu equipo lleva meses sin cerrar una venta importante pese a multiplicar los leads ( contactos ) el siguiente paso no es «vender más de lo mismo». Es diseñar una prueba que, gane o pierda, te diga por fin qué está fallando de verdad. Eso también es avanzar.
- Desconfía de cualquier plan que necesite un milagro. Si en el fondo sabes que un paso de tu estrategia solo funciona si «todo sale perfecto», ya sabes que no vas a creer en él. Y sin creer en el plan, no hay energía que aguante. La perfección NO existe. Lo que es perfecto para ti no es perfecto para el cliente. Pero lo que si debemos hacer es intentar ser excelentes.
- La motivación no es un rasgo de carácter. Es una consecuencia de haber hecho el trabajo previo de forma correcta.
No vas a encontrar la motivación meditando sobre un poster que te espeja lo fuerte que eres. La vas a encontrar cuando tengas delante un plan concreto, honesto y creíble.
Así que la próxima vez que tú, o alguien de tu equipo, se sienta hundido después de varios «fracasos», no empieces por el ánimo. Empieza por el análisis. Pregunta si merece la pena seguir. Y si la respuesta es sí, construye un plan en el que de verdad puedas creer. La motivación llegará después y llegará sola.
¿Y tú? ¿Cuántas veces has confundido «no tengo motivación» con «no tengo plan en el que crea» ?
