Acabo de llegar de Bolivia. He pasado 3 días rodeado de fantásticos profesionales de los Recursos Humanos en el XVIII Congreso Internacional de Gestión Humana . Y me llevo muchas conclusiones. ¿la principal? Los resultados no se consiguen si no hay un bienestar emocional. Y para que haya un mínimo de bienestar emocional tiene que haber dinero y amor. No me refiero al amor romántico, me refiero al amor que se desarrolla en un ambiente laboral sano y no tóxico. Pero hoy quiero ir un poco más allá . ¿qué pasa si sólo hay dinero? ¿y si sólo hay amor? Spoiler: no sirve. Tiene que haber » de los dos «.
Tuve el placer de cerrar las conferencias del primer día, como invitado español. Y a los pocos minutos de acabar, cuando estaba recogiendo mi cuaderno se me acercó uno de los asistentes y me dijo, muy seguro: «Diego, con dinero se compran casi todos los problemas. ¿no? » Primero le dije que no. Y luego le pregunté si su matrimonio iba bien. Se quedó callado más tiempo del que me hubiera gustado…. había dado hueso ( en cualquier proceso de coaching ejecutivo, si el cliente calla es una buena señal) .
La pregunta mal planteada
Llevamos décadas debatiendo si el amor o el dinero dan más felicidad, como si fueran dos caballos en la misma carrera y sólo uno pudiera ganar. Ya hablé en otro post que en solitario, el dinero no da la felicidad. Un estudio reciente, publicado en el Journal of Social and Personal Relationships, acaba de realizar esta pregunta en un estudio muy interasante. Y es que el cuestionario lo ha hecho comparando España y Estados Unidos, lo cual le da un morbo especial si me estás leyendo desde cualquiera de estos dos países.
La conclusión,el spoiler, sin rodeos: amor y dinero no son sustitutos. Son palancas independientes. Ni una relación maravillosa te blinda contra el hecho de ser pobre, ni una cuenta corriente saneada te libra de la soledad de no tener una relación/es sana/s. Cada función cumple su trabajo, y ninguna hace el trabajo de la otra.
Lo que de verdad importa no es lo que tienes, sino lo que sientes
Aquí viene el dato que más me ha hecho pensar. Las investigadoras pidieron a casi dos mil personas que se situaran en una escalera imaginaria de diez peldaños, representando su estatus social. No les preguntaron su sueldo exacto. Les preguntaron cómo se sentían respecto a los demás.
Pues bien: esa percepción subjetiva predijo la salud física y mental mucho mejor que el ingreso real o el nivel de estudios. Mejor que los números de la cuenta corriente.
Esto encaja perfectamente con algo que repito en mis formaciones de liderazgo desde hace años: no gestionamos la realidad, sino la interpretación que hacemos de ella. El dinero objetivo importa, pero importa más la historia que te cuentas sobre tu lugar en el mundo. Y esa historia, la podemos trabajar. La cuenta bancaria, a veces y lamentablemente 😉 , no.
España no es Estados Unidos (y eso también es un dato científico)
Otro hallazgo curioso, este con sabor local. La encuesta se hizo en dos países ( España y USA) y En Estados Unidos, el nivel educativo predecía con fuerza la satisfacción vital y la salud mental. Cuanta más formación, mejor le iba a la gente, casi sin excepción.
En España, esa relación se diluyó casi por completo. ¿por qué no le damos tanta importancia a la educación recibida?
Las autoras de la investigación han llegado a una conclusión: la sanidad universal que disfrutamos en España. En Estados Unidos, estudiar más suele abrir la puerta a un trabajo con mejor seguro médico, así que la educación arrastra por lo general mejor salud. En España, donde la sanidad no depende de tu currículum, esa relación directa se debilita. El sistema en el que vives moldea qué variables importan y cuáles no.
Lo cuento porque encaja con algo que veo constantemente trabajando con multinacionales que operan en distintos países: las recetas de felicidad y bienestar que funcionan en un contexto no se trasladan automáticamente a otro. Y sin embargo, importamos modelos de gestión, de liderazgo y de vida sin preguntarnos si el contexto es el mismo.
Entonces, ¿cuáles son los secretos de la felicidad?
Si tuviera que resumir lo que la ciencia (y veinte años de escenarios como conferenciante y salas de formación en multinacionales) me han enseñado sobre amor, dinero y felicidad, sería esto:
El dinero resuelve problemas concretos. La pobreza genera sufrimiento real, y nadie debería romantizar la escasez. Pero a partir de cierto umbral, más dinero deja de sumar felicidad de forma proporcional.
El amor, o más exactamente sentirte comprendido y cuidado por alguien, actúa de forma independiente del dinero. Tener una pareja que te valida y te entiende protege tu salud mental incluso cuando las cuentas no cuadran del todo. Y también lo hacen las relaciones de amistad duraderas. Así que si estás soltero(a), trata de cultivar tus relaciones personales.
Tu percepción de dónde estás pesa más que el dato objetivo de dónde estás. Y esta conclusión no es autoayuda barata: lo dice un estudio con casi dos mil participantes.
Viktor Frankl decía que el ser humano no busca el placer, busca el sentido. El dinero puede facilitarte el camino. El amor, casi siempre, es el destino. Confundir el medio con el fin es, sospechosamente, la fuente de buena parte de nuestra infelicidad moderna.
¿Y tú? ¿qué opinas que te da más felicidad, el dinero, tus relaciones, o las dos cosas juntas? Escribe que te leo,
