Cuando hablamos de ansiedad, solemos relacionarlo siempre con lo mismo: No podemos concentrarnos, dormimos mal, la pagamos con cualquiera, y nos dejamos vencer por la procrastinación sin límite. Eso provoca estrés laboral, demasiadas responsabilidades, falta de tiempo, y también preocupaciones económicas. Pero cuando alguien requiere de los servicios de coaching ejecutivo para (y en la vida real) hay algo que se repite y que mis clientes ven la luz cuando lo descubrimos: la ansiedad rara vez es “el problema”. Hoy comparto contigo cinco causas poco conocidas de la ansiedad . Son sólo síntomas. Como cuando se nos enciende un testigo en el coche porque nos quedamos sin gasolina. Puedes dejarlo ahí hasta quedarte tirado… o puedes afrontar que algo pasa desde el primer momento que aparece…
Y hoy, tras muchas sesiones de coaching con clientes, he decidido resumirte cinco causas menos conocidas -pero muy típicas de este siglo., que alimentan la ansiedad crónica sin que nos demos cuenta. Y es que muchas veces lo que aparece en consulta son síntomas y no verdaderos problemas. Así que para los que pensáis que lo que peor te puede pasar es tener ansiedad,… os traigo una mala noticia: la mayor parte de las veces la ansiedad suele tener un origen más estructural. Y hoy te quiero contar cuales son esos cinco patrones que más se repiten entre los ejecutivos españoles:
1) «La ansiedad de la abuela»: vivir pendiente del estado emocional de los demás
Hay personas que no están nerviosas por lo que les pasa a ellas, sino por lo que les pasa a los otros. Son capaces de detectar y atraer problemas emocionales cercanos como si de un imán se tratara: ¿está mi pareja enfadada?, ¿mi hijo triste?, ¿mi jefe distante?, ¿he dicho algo que ha molestado? ¿cómo puedo ayudarles?
Detrás suele haber una creencia silenciosa: “solo estoy bien si TODOS los demás están bien”. Esa terrible creencia ( de las limitantes ) lleva a una vida de hipercontrol emocional pero además manchada de un círculo vicioso de obligaciones absolutamente terrible: calmar, arreglar, agradar, anticiparse. El problema es que las emociones ajenas no se pueden controlar. Y cuando intentas hacerlo, tu cuerpo vive en alerta permanente, porque nunca se acaban.
Qué ayuda para superar esta ansiedad: entrenar la tolerancia al malestar ajeno. Preguntarte: ¿puedo estar bien aunque alguien esté incómodo? Suena simple, pero cambia tu vida. No puedes hacerte responsable de todo lo que hay a tu alrededor.
2) La ira y el enfado que no te permites sentir y expresar (y se disfraza de ansiedad)
Típico. Por motivos familiares estás obligado a aguantar a tu cuñado cada fin de semana. Y tienes que poner tu mejor cara. Alejandro es ese tipo de persona que “no se enfada nunca”. O eso cree tu suegra. Alejandro evita el conflicto, calla siempre para no molestar, traga para mantener la paz. Por fuera: amabilidad. Por dentro: un cabreo de campeonato.
Y eso termina saliendo por algún lado. Cuando no expresas límites ni necesidades básicas ( fronteras que no debe cruzar nadie) , aparece una sensación de impotencia. Y esa impotencia se traduce en ansiedad: enfado permanente, palpitaciones, sensación de amenaza desde cualquier esquina.
Qué ayuda para superar esta ansiedad: asertividad real. No es gritar ni imponer. Es decir la verdad con respeto: respeto por ti y por tu cuñado. A veces, la ansiedad baja cuando por fin te atreves a decir un “no” claro, con educación, pero también con rotundidad.
3) El sedentarismo invisible: demasiadas horas sentado
El siglo XXI no solo nos exige más mentalmente. Nos inmoviliza. Pasamos horas en silla, frente a una pantalla, en un sofá, o en un atasco en el coche. Y el cuerpo, cuando no se mueve, interpreta algo parecido a “estoy en una cárcel”. Aunque no veas los barrotes ni los cerrojos. Tú crees que están ahí.
El movimiento es el ansiolítico que menos practica la gente: mejora el sueño, regula el sistema nervioso y —sobre todo— construye auto-eficacia: “puedo hacer cosas incómodas y seguir adelante sin quejarme»
Qué ayuda para vencer este tipo de ansiedad: no hace falta correr la san Silvestre. Caminar 30 minutos, bailar, subir escaleras, hacer tareas físicas. Lo importante es la regularidad, no ganar una medalla. Es mejor ir 4 veces al gimnasio a la semana, que ir sólo una pero llegar con una lesión por sobre esfuerzo desmesurado.
4) Respiración en modo ataque próximo: boca abierta, pecho arriba
Un hábito muy moderno: tumbarse boca arriba en el sofá y respirar rápido, superficial y muchas veces por la boca. Eso le dice de forma inmediata al cerebro: “hay peligro”. O al menos lo interpreta como una amenaza.
La respiración es una puerta directa al sistema nervioso: puedes estar ansioso y, aun así, aprender a enviar señales de calma desde el cuerpo.
Qué ayuda para superar esta ansiedad: Pon más conciencia sobre la respiración que haces: prioriza “lento y suave” más que “profundo y agudo”. Y prueba algo sencillo: salir a caminar y respirar con consciencia por la nariz y solo por la nariz. Al principio no notarás nada pero te sorprenderá el poder calmante que tiene.
5) Falta de aventura: vivir como viendo la vida pasar
Creo que hay mucha gente que está como en un tren sentada mirando por la ventana de forma permanente, sabiendo qué estación viene a continuación. Y no se levanta jamás, pase lo que pase. Y claro, viene la ansiedad y el nuevo círculo vicioso: “si estoy ansioso, ¿cómo voy a meter incertidumbre en mi vida?”. Lo último que quieres es cambiar de tren, o bajar a la estación, o peor, cruzar el ardén.
Pero aquí el punto es otro: cuando vives evitando lo incierto, tu mundo se hace pequeño, aburrido, triste… y tu cerebro se vuelve más miedoso todavía. Y el miedo lleva irremediablemente a la ansiedad. Yo tenía una tía que jamás salía de casa por miedo a que le pasara cualquier cosa. Y estaba llenita de ansiedad. Sin hacer nada.
La ansiedad crece cuando sientes que la vida “pasa a tu lado como desde un tren” y tú solo reaccionas desde tu asiento.
Qué ayuda: microaventuras. Planes pequeños con un poco de incertidumbre: ir a un sitio nuevo sin organizarlo todo, empezar practicando un deporte en el que seas principiante, decir sí a una propuesta que te reta a levantarte y hacer algo bueno. En este caso el estrés es bueno: te entrena para la vida, la de verdad, no la que aparece al otro lado de la ventana.
En las sesiones de coaching ejecutivo trabajamos estas causas profundas de la ansiedad para que puedas gestionarlas desde la raíz, no solo desde los síntomas.
La ansiedad no siempre se cura manejando nuestros pensamientos. Muchas veces se transforma viviendo distinto, haciendo algo distinto: poniendo límites, moviendo el cuerpo, respirando con intención, alimentándote con más cuidado y recuperando asertividad. No se trata de apagar el testigo de la gasolina, sino de llenar el depósito.
¿y tu? ¿padeces algún tipo de ansiedad como el que describo?

Todos estamos acostumbrados a que el estrés forme parte de nuestra vida y lo hemos asumido como compañero inevitable. Diríamos que es un tema manido. Pero este post hace un análisis diferente y a mi me ha ayudado a identificar de donde viene mi estrés y como puedo hacer que esté menos presente en mi vida. Me parece un buen análisis, con acertados consejos.
Gracias Diego.
Muchas gracias Charo