Saltar al contenido

Atravesar el duelo: una necesidad emocional y necesaria

DUELO, MUERTE
Comparte este post y haz más feliz a alguien

Ayer por la noche nos acostamos ayer con pena. Hoy nos levantamos con tristeza. Todo puede cambiar de un día para otro. Sin esperarlo, sin desearlo ni imaginarlo. La vida te pone piedras en el camino y a veces esas piedras nos provocan caídas . Y aunque algunas de ellas son necesarias ( si no, no aprenderíamos nunca nada) , otras son incomprensibles, innecesarias, y por tanto difíciles de superar. No quiero ni pensar en las familias de todos los que ayer fallecieron. En esas madres, en esos padres. Me hace recordar a mi madre, ante la muerte de su primer hijo, que no paraba de decir. » no es justo, por qué no me llevaste a mi primero»… la ley de la vida… que no siempre es justa.

La pérdida de un ser querido, junto con una separación o divorcio, es una de las experiencias más profundas y transformadoras que puede vivir una persona. En España, y aunque nos lo han repetido mil veces lo de la necesidad de pasar el duelo, seguimos tratándolo como algo que hay que “superar” cuanto antes, casi como si fuera otra piedra incómoda en el camino de la normalidad ante lo que los demás puedan pensar. » no estés triste, no llores, él o ella no te quisieran ver así»… y lo repetimos como un mantra. Pero la ciencia y la experiencia humana coinciden en algo fundamental: el duelo no se supera, se atraviesa.

Tomarnos tiempo para el duelo no es una debilidad ni una falta de fortaleza emocional. Esa vulnerabilidad es absolutamente necesaria. Es una necesidad psicológica, biológica y relacional. Cuando perdemos a alguien a quien queremos, nuestro cerebro interpreta como que nos han robado un trozo del alma: desaparece la persona que formaba parte de nuestro propio sistema de seguridad emocional. Ignorar ese terrible golpe no lo elimina; solo lo desplaza. Y ya bastantes cosas llevamos en la mochila …

Cuando la mochila del dolor está llena y no somos conscientes de la necesidad de eliminar todo lo que lleva dentro, la emoción sale por algún lado: enfados, irascibilidad, silencios profundos, ausencia de ilusión por nada. Con esa mochila llena de dolor , somos personas que saltamos a la mínima, sumidas en una depresión constante… pero es que jamás nos educaron a llorar, a sentir, a aceptar la pérdida.

Desde el punto de vista científico y médico, el duelo activa áreas profundas del cerebro relacionadas con el apego, la memoria y la gestión emocional. Estudios en neurociencia muestran que la pérdida altera los niveles de cortisol (la hormona del estrés), afecta al sistema inmunológico y puede influir en el sueño, la concentración y la salud cardiovascular. El cuerpo nos habla, y de alguna manera también llora, aunque no siempre sepamos leer sus señales. ( y no leer implica llenar más la mochila)

Sentir tristeza, llorar, experimentar vacío o incluso enfado no son síntomas de algo que vaya mal; son respuestas normales ante una pérdida significativa. El problema aparece cuando nos negamos ese proceso, cuando intentamos anestesiar el dolor con actividad constante, justificaciones absurdas de la realidad o un falso positivismo ante los golpes de la vida. En esos casos la ciencia y la medicina son claras: el duelo bloqueado o no elaborado aumenta el riesgo de ansiedad, depresión y sintomatología física a medio y largo plazo.

Atravesar el duelo implica permitirnos sentir. No solo pensar en la pérdida, sino sentirla en el cuerpo y en la emoción. Implica aceptar que habrá días buenos y días muy malos, y que ambos forman parte del mismo proceso. El cerebro necesita tiempo para reorganizar la ausencia, para gestionar de nuevo las expectativas que tenemos de nuestra vida y para construir una nueva narrativa vital en la que esa persona ya no está físicamente, pero sigue teniendo un lugar.

Pasar página no significa olvidar. Desde la psicología del amor humano sabemos que los vínculos importantes no se rompen con la muerte; se transforman. El duelo sano no elimina el vínculo que teníamos con esa persona, lo redefine en un lugar de nuestra memoria y nuestra consciencia. Llega un momento —distinto a la hora de llegar para cada persona— en el que el recuerdo deja de ser solo dolor y empieza a ser también gratitud. Por el tiempo vivido. Reconocemos ese momento cuando podemos nombrar con tranquilidad y hablar de quien ya no está sin que todo se derrumbe, aunque todavía duela un poco.

Quedarnos con lo mejor de quienes hemos perdido no es un acto de negación, sino de integración y superación de las sorpresas de la vida. Es reconocer lo que nos dieron, lo que despertaron en nosotros, lo que disfrutamos de su presencia. lo que aprendimos a su lado. La ciencia habla de “crecimiento postraumático” para describir cómo, tras procesos de dolor profundo, algunas personas desarrollan una mayor conciencia vital, más empatía y una forma más auténtica de vivir. Se que con el dolor de por medio esto es complicado. Pero creedme que incluso podemos querer más a alguien cuando ya no está. Por eso es tan importante disfrutar de todo y de todos en el presente. Porque estoy seguro que aunque lo hagamos de nuevo en el futuro, cuando ya no estén, no será lo mismo.

Si estás atravesando un momento difícil y necesitas un espacio seguro para reflexionar, el coaching ejecutivo te ofrece ese acompañamiento profesional.

Atravesar el duelo no nos devuelve como por arte de magia a quienes perdimos, pero sí puede devolvernos a nosotros mismos, nuestras emociones y nuestra forma de ser. Nos obliga a parar, a escuchar, a re-pensar en nuestras prioridades y expectativas. Nos recuerda que el amor que sentimos no desaparece con la ausencia física, sino que cambia de forma y se expresa de otra manera.

El duelo no es un fallo del sistema ni del algoritmo humano. Es el precio —y la prueba— de haber querido de verdad.

Y cuando, con el tiempo, somos capaces de seguir adelante, no lo hacemos dejando atrás a quienes ya no están, sino llevándolos con nosotros de una forma más tranquila, más emocional, más sentida y más humana.


Comparte este post y haz más feliz a alguien

2 comentarios en «Atravesar el duelo: una necesidad emocional y necesaria»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.