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Cómo discutir con alguien si quieres llegar a un acuerdo

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A nadie le gusta discutir. Bueno, a los que están enfrentados con el mundo y disfrutan con ello si. Pero al resto de los mortales , si entendemos por discusión las posibles desavenencias en torno a un tema que nos impiden llegar a un acuerdo entre dos personas, pues como que no nos gusta mucho. Porque tenemos que ceder.. y para ceder tenemos que escuchar. La pasada semana asistí como observador ( coach de equipos ) en varias discusiones. ¿quieres saber cuales de ellas lograron tener un feliz feliz? Spoiler: Si quieres saber cómo discutir con alguien tienes que escuchar al otro mejor.

Solemos irnos contentos de un discusión cuando creemos que hemos ganado. Pero es nadie gana, especialmente si alguno de los dos sale humillado. Como muchísimo, se ha aplazado la discusión a un próximo set de combate.

Bo Seo, autor de un libro denominado «good arguments» , lo tiene claro. Uno de sus trabajos fue entrenar a unos equipos de debate para los países de Australia y Usa ( Harvard) … Siempre me ha gustado asistir a este tipo de concursos de debate. Y casi todo el mundo, si no sabe del tema, piensa que es innato a la persona. Es decir que discutir bien no se puede aprender. Error. Discutir bien es una habilidad que como todas las habilidades, puede aprenderse. Y estos son los pasos que nos enseña el autor para hacerlo de forma correcta.

  1. Nombra en qué crees que no estáis de acuerdo antes de abordar la discusión. Di sobre lo que vais a discutir y procura hacerlo solo sobre eso. Si salpimentamos la conversación con temas del pasado , rencillas pendientes o el tiempo atmosférico ( por decir algo ) la cosa va a salir mal seguro. ¿no te ha pasado con alguien que siempre terminas discutiendo » lo de siempre » ? Pues piensa por qué ocurre… porque no estamos centrados en lo que hay que estar centrados
  2. Pasa el filtro RISA ( Real, Important, Specific and Aligned) … para ello lo más fácil es responderte a cuatro preguntas ANTES de empezar a tratar el fondo del asunto. ¿el desacuerdo es real o es solo un malentendido que se soluciona aclarándolo? ¿ es lo bastante importante para ti o no merece la pena invertir tiempo y esfuerzo ? ¿la desavenencia está bien definida o mezcla muchas rencillas del pasado? y por último ¿ queremos lo mismo de esta conversación o buscamos objetivos dispares? Si alguno de los dos quiere vencer a toda costa sin convencer… no vale para nada. Hay que preguntarse ¿qué queremos sacar de esto?
  3. Escucha a tu oponente con la misma fuerza con la que te escuchas a ti. Escuchar no es esperar tu turno mientras piensas cómo rebatir su idea. Es apuntar en tu mente lo que el otro dice y piensa pero de verdad. Reconstruir y espejar su argumento hasta que el otro diga » eso es » …. Y luego , si quieres, puedes responder, pero cuando hayas escuchado y entendido bien el argumento del otro. Es muy curioso el ser humano. Cuando el otro se siente entendido, baja las defensas y está también más dispuesto a escucharte a ti.
  4. Cambia de equipo mentalmente durante 5 minutos. Uno de los ejercicios que más me gusta hacer cuando desarrollo coaching ejecutivo, es obligar a mis clientes a cambiar por completo de perspectiva y expresar qué sienten estando exactamente en el lado opuesto de su pensamiento inicial. No hace falta que cambien completamente de opinión, sino que abran un hueco para que les pueda entrar la duda, pero también y sobre todo, el pensamiento crítico. Sin ese hueco, no hay acuerdo posible.
  5. Piensa qué batallas merecen la pena y cuales no. No hay que rebatir todo, no vale la pena, piensa no sólo lo que tienes que responder, sino también lo que no merece la pena responder porque no ayuda a construir una solución final a la propia discusión. En mi caso personal, yo cada vez hablo menos y escucho más. Y soy más feliz. Y creo que los otros también lo son.
  6. Por último, piensa cuando no merece la pena seguir, cuando la discusión ha llegado a su fin. O cuando debes abandonarla. Cuando un conflicto está en modo volcán, hay que abandonar de inmediato la habitación. No debemos de normalizar ni gritos, ni golpes en la mesa ni nada que se le parezca. Siempre podemos aplazarlo a otro momento de aguas no tan revueltas, donde podamos tener otra perspectiva del mismo problema. Ojo, aplazar no es rendirse. Es jugar con las mismas condiciones emocionales.

¿Has caído en la cuenta de la cantidad de veces que «perdemos» en una conversación por no saber escuchar? A mis clientes se lo dejo claro. Muchas de las soluciones que tenemos en los problemas de otros las encontramos cuando aprendemos a escuchar al otro en la descripción del contexto y del problema en si. ¿ te ha pasado alguna vez? ¿ te gusta discutir o prefieres escuchar?


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