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Cómo hacer aquello que no quieres hacer

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¡Estamos de vuelta! ¡qué ilusión! Pues no siempre es así. Aunque se que hay personas que matarían por volver a su rutina, otros disfrutamos enormemente de nuestras vacaciones. La desconexión es tan importante como la concentración necesaria para la vuelta . Pero ¿qué podemos hacer cuando no nos apetece ni mucho ni poco sino nada? Hoy te enseño cómo hacer aquello que no quieres hacer … sin morir en el intento.

Cuando la motivación falla, la estrategia importa más que la fuerza de voluntad.

 


Ante todo espero que lo hayas pasado genial y que hayas podido de verdad disfrutar de esas merecidas vacaciones. Ahora toca volver a la tarea… pero hay tareas que simplemente (para andarnos sin rodeos) no te apetece hacer. Sabes que son importantes. Sabes que te acercan a tu meta profesional y personal. Pero ahí están: esperando, cogiendo polvo…, mirándote desde la lista de pendientes como si gritaran “¿a qué esperas para hacerme?”.

La motivación, lo que nos lleva al movimiento, nos han dicho, que es la gasolina que necesitamos para actuar. Pero ¿y si esa gasolina no llega? ¿Y si hay cosas que queremos lograr… pero no tenemos ganas de ponernos con ellas?

La buena noticia es que la motivación no es un misterio absoluto. Hay formas de hacer aquello que no quieres hacer, y todo empieza por entender por qué no lo estás haciendo.

 


 

¿Por qué procrastinamos lo importante?

No solemos postergar lo irrelevante. Lo que se queda sin hacer suele ser algo que, además, es importante. Porque si no, no estaríais leyendo este post. Y, paradójicamente, lo que más valoramos es lo que más miedo, pereza o resistencia puede provocarnos.

Según un modelo muy útil de motivación, nuestras ganas de actuar dependen de cuatro factores:

 

    1. El valor que le damos a la tarea. Aunque no lo creas a veces las tareas con un valor alto o un retorno alto son las que más dejamos para el día siguiente.
    2. La probabilidad de éxito que creemos tener. Y con éxito me refiero a lo que vayamos a obtener como resultado por hacer esa tarea. Una vez más , y aunque nos cueste creerlo, a veces es indirectamente proporcional al esfuerzo que dedicamos a esa tarea.
    3. La recompensa esperada por el esfuerzo que invertimos. Muchas veces postergamos una actividad sencillamente porque la recompensa suele tardar mucho en llegar. Pero cuanto antes empezamos, ¡antes tendremos un premio!
    4. La distancia mental o temporal con la tarea. Aquí es importante la parte mental… nos movemos en un mundo de expectativas y deberíamos trabajar lo más cercano a la realidad posible.

 

Cuando una de esas variables falla, procrastinamos. Y no por vagos, sino por humanos. Es algo inherente al ser humano. Y no eres ni mejor ni peor, eres humano y punto. No te castigues, acéptalo como parte de nuestra condición.

 


 

Cómo dar la vuelta a tu motivación (cuando no tienes ganas)

Aquí van cuatro palancas que puedes accionar para hacer eso que llevas evitando días, semanas… o incluso meses.

 


 

1. Haz que valga más (a tus ojos, a tu mente, a tu emoción)

No basta con que sea importante: debe parecerte importante ahora mismo. Si una tarea está conectada con algo que te emociona o te define, estarás más cerca de ponerte con ella. Y si no está conectada, vamos a buscar una conexión que nos genere ese movimiento que necesitamos. Si hago esto, la empresa me reconocerá esto otro. ( como ejemplo)

Cómo aplicarlo:

Visualiza el beneficio concreto de terminar esa tarea. ¿Qué ganas? ¿Qué se desbloquea? Escríbelo. Dilo en voz alta. Pega un post-it. Lo que quieras… pero hazlo visible. Ponlo delante de ti como un reto que puedes cumplir porque lo sabes.

 


 

2. Reduce el tamaño de la montaña

 

Muchos bloqueos vienen de pensar “esto es demasiado”. El truco es acercar la meta. Hacerla tan pequeña que no puedas decir que no. A veces los retos son como un lego. No hace falta que veas millones de piezas … rompe el lego y empieza por la primera, verás como todo es mucho más fácil.

Cómo aplicarlo:

No te obligues a escribir el informe. Oblígate a abrir un documento nuevo. No te fuerces a hacer deporte. Oblígate a ponerte las zapatillas. Después de eso, muchas veces, el cuerpo sigue solo. Empieza siempre por dar un primer paso porque a veces es el que más cuesta. 

 


 

3. Crea un circuito corto de premios o recompensas

 

Si solo trabajas por el resultado final, lo vas a dejar a mitad. Nuestro cerebro necesita recompensas rápidas, visibles y reales. Necesitamos dopamina… aunque a veces la tenemos que buscar en sitios que jamás hubiéramos pensado.

Cómo aplicarlo:

Diseña pequeñas metas con micro-recompensas. ¿Escribes 25 minutos? Te tomas un café. ¿Terminas un Excel? Te das 5 minutos de descanso real. Entrena tu mente a disfrutar del camino, no solo de la meta. Te lo mereces. Cada paso es un triunfo para llegar a la meta. Y los triunfos se celebran. 

 


 

4. No esperes a tener ganas

 

Las ganas vienen después de empezar aquello que no queremos empezar. El cerebro activa la dopamina cuando ya has empezado, no antes. Así que deja de esperar a sentirte inspirado y empieza a moverte.

Cómo aplicarlo:

Crea rutinas. Asume que habrá días sin ganas. Reemplaza “quiero hacerlo” por “me toca hacerlo”. La disciplina no es frialdad: es sabiduría emocional. Aunque darnos órdenes no siempre funciona de cara a generar hábito, si ponemos foco en la primera acción que requiere una tarea completa, tenemos más probabilidades de llegar a realizar esa tarea.

 


 

Hazte preguntas que ayuden a terminar el objetivo. 

Cuando estés frente a esa tarea que llevas días ignorando, prueba a preguntarte esto:

 

¿Y si empiezo solo por cinco minutos?

Casi siempre, el resto viene detrás.

Porque la motivación no siempre se encuentra antes de actuar. A veces, se construye en el mismo momento en que te decides a hacer, sin ganas, pero con intención. ¿qué te falta para empezar? Me encantaría saberlo y que me lo cuentes en comentarios.

 


 

 


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