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Cómo perder el miedo al fracaso

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La vida nos pone por delante numerosas situaciones en las que tenemos miedo al fracaso. Desde los primeros exámenes del colegio hasta nuestra primera relación, la palabra fracaso aparece en el horizonte como si se tratara de un castigo posible a pesar de haber hecho todos los deberes. Antes de que sigas leyendo, te voy a hacer un spoiler fundamental : no tenemos miedo al fracaso en si, sino a las consecuencias sociales y personales de ese fracaso. Parece lo mismo pero no lo es… y hoy quiero explicarte como minimizar esos riesgos.

Tenemos muchos miedos acumulados de fracasos del pasado. De hecho, yo sigo soñando muchas noches que he suspendido. La diferencia es que hace tiempo me levantaba taquicárdico perdido, y hoy me levanto sonriendo, como si nada hubiera pasado. He aprendido que el fracaso es una posibilidad, pero que no debe hundirme cuando aparece, sino que debo salir más fuerte. El miedo al fracaso nos hace sentir incapaces, avergonzados, rechazados o decepcionados con nosotros mismos. Y lo que es peor, los demás pueden tener esos mismos pensamientos acerca de nosotros por nuestro fracaso. Y eso duele. O puede doler.

Durante años he trabajado con líderes, emprendedores y personas que ya han triunfado en gran parte de su carrera, que, pese a sus logros y premios, conviven de forma permanente con una voz interior constante que les repite: “No es suficiente. Algún día se darán cuenta de que no vales tanto.” El famoso síndrome del impostor que aparece cuando menos lo esperamos.

El miedo al fracaso rara vez tiene que ver con el resultado del mismo. Su origen está más relacionado con nuestras emociones más profundas.

Diego Antoñanzas, formador en liderazgo

El pez que se muerde la cola una y otra vez

Curiosamente, muchas personas que temen fracasar son personas que han conseguido muchas cosas en la vida:

  • Profesionales con carreras brillantes que siguen sintiéndose como impostores.
  • Artistas que, a pesar del reconocimiento, se paralizan al empezar un nuevo proyecto porque creen que no van a triunfar
  • Personas que, aun habiendo cumplido sus metas, siguen sintiendo un vacío o una presión constante; una especie de exigencia infinita que les impide hacer las cosas con normalidad.

¿Por qué? Porque han aprendido a usar el éxito como una forma de calmar sus inseguridades… y no como un camino de crecimiento auténtico. Hasta hace poco, yo llegaba a medir el tiempo de los aplausos como conferenciante de motivación. Era una forma de calmar mi propia inseguridad…. HE DEJADO DE HACERLO.

La diferencia clave no está en los resultados, sino en la motivación que hay detrás del esfuerzo:

¿Actúas para demostrar al resto del mundo que vales mucho o porque disfrutas el proceso?¿Trabajas evitando miedos o buscando y encontrando pasión por lo que haces? Lo verdaderamente importante es el proceso… no el destino.

No tienes miedo de fracasar. Tienes miedo de sentir que fracasas.

Lo que te bloquea no es el error en si. Es el miedo a cómo te vas a sentir si cometes ese error: Vergüenza, juicio, soledad…. todo eso podemos sentir tras un fracaso si no lo trabajamos en condiciones. Eso significa que no estás huyendo del fracaso, sino de tus emociones.

Y cuando usas el trabajo, el perfeccionismo exagerado o el control absoluto para evitar sentirte vulnerable y mostrar al mundo que no eres don perfecto (a) , estás entrenando a tu cerebro para pensar que esas emociones son peligrosas.

La confianza no es la ausencia de miedo. Es la disposición a avanzar a pesar de él. Soy de los que pienso que las emociones son como la energía, se transforman de una a otra… No hay que luchar contra el miedo, hay que aceptarlo como algo normal, y superarlo con energía positiva y pasión por lo que hacemos.

Cómo empezar a perder el miedo a fracasar

Dejar de tener miedo al fracaso no es algo que se consigue con una charla motivadora ni con una lectura inspiradora (aunque ambas ayudan). Muchas compañías me están contratando hoy en día para que la gente pierda el miedo a la inteligencia artificial, y lo primero que les digo es que el miedo es algo natural. Que no tienen que rechazarlo. Que cualquier cambio nos produce respeto. Y es normal.

Pero necesitamos de alguna manera una reeducación emocional. Y comienza por aceptar el miedo en lugar de rechazarlo. ( de pequeño nos repetían continuamente NO TENGAS MIEDO): Error. Nos deberían haber dicho, no mantengas el miedo en el tiempo, acéptalo como algo normal, pero aprende a gestionar tus emociones cuanto antes. ¿cómo se hace? Pues te propongo tres hábitos que puedes empezar a practicar desde hoy mismo:


1. Valida tus emociones

No intentes eliminar el miedo. Apréndelo a mirar sin juicio.

“Estoy nervioso antes de esta presentación… y es normal. Es una señal de que me importa. No necesito que todo sea perfecto para hacerlo bien. Es más, la vulnerabilidad puede acercarme más al público que la perfección”

Cuanto más valides lo que sientes, más entrenas a tu mente a entender que el miedo no es una amenaza, sino una emoción pasajera que puede transformarse en una confianza en ti y en pasión por aquello que haces.


2. Fracasa a propósito (en cosas pequeñas)

Sí, lo has leído bien. Una forma poderosa de perder el miedo a fracasar es practicar el fracaso de forma segura.

¿Cómo?

Haz algo que no se te dé bien. Una clase de cerámica. Jugando a las cartas y perdiendo con amigos. Aprender a bailar. Tocar el piano. Lo que sea… siempre que te permita equivocarte sin consecuencias graves.

Así aprendes ( y tu cerebro también) dos cosas esenciales:

  1. Que puedes tolerar de forma la incomodidad de la emoción sin necesidad de pelear contra ella.
  2. Que el fracaso no tiene por qué doler tanto cuando no lo usas como vara para creer en ti.

3. Reconecta con tus valores, con tu propósito.

El miedo al fracaso te lleva a vivir a la defensiva, evitando equivocarte. Los valores, en cambio, te permiten vivir a la ofensiva, avanzando hacia lo que te importa. Tener un propósito bien definido te ayuda a levantarte con fuerza cada mañana. Porque sigue mereciendo la pena hacer lo que haces a pesar de las piedras que te puedas encontrar en el camino.

Haz este ejercicio:

Piensa en tres personas que admires profundamente. Escríbe su nombre y piensa cual es su propósito , osea para qué hacen lo que hacen. Luego, anota qué es lo que más admiras de ellas: su valentía, su honestidad, su generosidad, su autoconfianza, su autenticidad…¿Y si esos valores que admiras fueran, en realidad, los que tú más deseas vivir? ¿cuanto te falta para poder alcanzarlos? ¿qué tienes que aprender o qué tienes que desaprender? Lo que más nos cuesta es desaprender aquello que creemos que va a seguir siendo así de por vida…

Volver a tus valores es recordar que lo importante no es no caer, sino tener claro por qué merece la pena levantarse. Y a lo mejor soñarás con exámenes que suspendes, como yo, pero te levantarás también con una sonrisa. Y si no eres capaz, siempre puedes pedirme ayuda.


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