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Edadismo injusto: por qué prescindir de los seniors es un gran error

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Hace unos días me enteré de que un amigo va a ser despedido de un banco. De uno de los grandes. Su pecado: haber cumplido 55 años. Así de simple. Así de brutal. Edadismo en estado puro. Muchos se alegran porque empiezan a cobrar un salario de por vida hasta la jubilación. Otros ven la cuesta hacia abajo sin un fin claro. Y mientras procesaba la noticia, me di cuenta de algo que llevaba tiempo intuyendo: esto no ha empezado ahora. Esto lleva años gestándose en silencio. Y están cometiendo un grave error. Porque prescindir de lo emocional para incorporar lo digital es un fracaso seguro.

Yo ya lo veía venir…

Cuando dejé mi carrera de luchas de egos en multinacionales como Heineken o Siemens en el año 2013 para cumplir mi propósito, una de las primeras cosas que hice fue dar conferencias sobre transformación digital. Y fue entonces, hablando con decenas de equipos directivos y todo tipo de C-LEVELS, cuando me contaron lo que ya estaban viviendo por aquel entonces: muchas de las tareas que hacíamos en las empresas iban a ser sustituidas por inteligencia artificial. No en un futuro lejano. Pronto. Y vaya si está ocurriendo.

Esa seguridad de que el mundo iba a cambiar exponencialmente me llevó a tomar una decisión que hoy agradezco profundamente: certificarme como coach ejecutivo para directivos. No para huir de la tecnología ( soy un tech-friki) , sino para entender y dar a conocer lo que la tecnología no puede reproducir. Quería ayudar a empresarios, líderes y profesionales a desarrollar aquellas competencias eminentemente humanas que ningún algoritmo es capaz de sustituir. Y no me refiero solo a los abrazos ( que también, anda que no me ha costado a mi saber abrazar) .

La paradoja que ningún consejo de dirección quiere ver

Y aquí es donde me pierdo. Porque si hay algo que la irrupción de los agentes de inteligencia artificial va a poner en valor, son precisamente las habilidades que los profesionales senior dominan: la empatía, la capacidad de anticipación, la gestión emocional, la curiosidad madura, el liderazgo sereno bajo presión y estrés, y la capacidad de construir equipos cohesionados con un objetivo común: triunfar.

¿Y qué están haciendo muchas empresas? Exactamente lo contrario. Despidiendo a las personas que mejor preparadas están para liderar esta transición.

Pensemos un momento en lo que se viene. La incorporación masiva de agentes digitales en las organizaciones no es solo un cambio técnico que revoluciona los procesos de cualquier empresa. Es un terremoto emocional. Equipos enteros van a ver cómo parte de su trabajo lo asume una máquina. Van a necesitar líderes que sepan gestionar el miedo, la incertidumbre, la resistencia al cambio. Van a necesitar personas que hayan vivido crisis, que hayan fracasado y se hayan levantado, que sepan mirar a alguien a los ojos y decir: «vamos a salir de ésta como me llamo — Diego».

¿De verdad creemos que eso lo puede hacer alguien de 26 años, por muy brillante que sea, si se ha educado en una cultura donde el esfuerzo es mínimo, donde todo llega rápido y gratis, donde la tolerancia al fracaso es prácticamente nula?

Lo que las empresas no están calculando

Cuando una empresa despide a un profesional senior con un salario alto, cree que está ahorrando dinero. Pero lo que realmente está haciendo es destruir un capital humano y emocional irremplazable. Está eliminando décadas de conocimiento ( no me refiero sólo al dato, me refiero a las experiencias vividas),  de relaciones construidas, de pensamiento crítico con origen en miles de decisiones difíciles.

Y hay algo más que nadie menciona en las hojas de cálculo ni en los forecast: el daño emocional. He visto a personas con una capacidad de trabajo infinita, con una inteligencia emocional que no se adquiere en ningún máster, ser despedidas como si fueran prescindibles. Profesionales que generaban valor cada día, a quienes de la noche a la mañana se les arrebata no solo un empleo, sino su propósito. Su identidad como profesionales. Su sentido como líderes.

Mi posición es desde un lado egoísta ( o eso quiero creer)

Yo no estoy preocupado por mi futuro. Cada día invierto en formarme en competencias emocionales, y también me esfuerzo por estar al día en competencias digitales. He elegido un camino que combina ambas dimensiones, y eso me da tranquilidad. Y soy autónomo, de esos que jamás se ponen enfermos y que no conocen la palabra fin de semana.

Pero no puedo mirar hacia otro lado mientras veo cómo personas absolutamente válidas son expulsadas del mercado laboral por una cuestión de edad. Personas que son exactamente lo que las empresas van a necesitar cuando la inteligencia artificial transforme sus procesos de arriba abajo.

La pregunta que deberían hacerse los comités de dirección no es «¿cuánto nos ahorramos despidiendo a los mayores de 50?». La pregunta correcta es: «¿quién va a liderar emocionalmente a nuestros equipos cuando un agente digital sustituya la mitad de lo que hacen?».

La respuesta, paradójicamente, acaban de echarla a la calle.


Diego Antoñanzas — Coach ejecutivo ICF ACC, conferenciante y formador en liderazgo emocional y transformación digital.


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