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No sin mis tokens

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Es la palabra de moda. Ya nadie duda que quedarse sin tokens equivale a quedarse sin saldo, perder el bus, o no irse de vacaciones. ¿Pero qué es eso de los tokens y por qué todo el mundo está hablando de ello? En este artículo además de intentar explicar tokens para que todo el mundo pueda entenderlo, quiero compartir contigo paradojas que veo cada día en las empresas españolas. Pero también quiero hacerte ver cómo países como Estados Unidos van por delante y la palabra token es ya utilizada en ascensores, taxis… y por supuesto en entrevistas de trabajo. Sigue leyendo y te cuento mucho más.

Hace no mucho tiempo, cuando un candidato negociaba su incorporación a una empresa, el paquete de beneficios giraba en torno a lo de siempre: cheque comida, coche de empresa, seguro médico, quizás unas sesiones de coaching ejecutivo si la empresa era de las buenas… Pues bien, en muchas empresas tecnológicas de Estados Unidos ha aparecido una nueva línea en esa negociación que hace apenas dos años hubiera parecido ciencia ficción: los tokens. Tokens ilimitados o, como mínimo, un paquete mensual generoso de acceso a los grandes modelos de lenguaje. No sin mis tokens. Así de claro.

¿Y qué es exactamente un token? Dicho de forma sencilla, un token es la unidad de medida con la que los modelos de inteligencia artificial como Claude, GPT-4 o Gemini procesan el lenguaje. Aproximadamente, tres tokens equivalen a una palabra en inglés. Cuando interactúas con un LLM (como Claude, que es mi favorito al día de hoy) , cada pregunta que haces y cada respuesta que recibes consume tokens. Y los tokens, dependiendo del modelo y del volumen, cuestan dinero. Por eso en las empresas con alta carga tecnológica, la pregunta ya no es solo cuántas personas necesitamos, sino cuántos tokens necesitamos para que esas personas trabajen bien.

Los tokens se han convertido en la nueva medida de productividad. Y eso lo ha cambiado todo en la ecuación de recursos humanos.


La transformación silenciosa del puesto de trabajo

La IA ha dejado de ser un acelerador opcional para convertirse en el motor principal de cualquier función profesional. Analistas, abogados, médicos, ingenieros, comerciales, directores de marketing: todos han visto cómo tareas que antes requerían horas de trabajo quedan resueltas en minutos cuando se tienen las herramientas adecuadas y los tokens para usarlas.

Esta misma mañana mi fisioterapeuta me decía que en el último congreso al que asistió a principios de año todo era tecnología. No hubo ni una sola ponencia científica. Todo era IA, Tokens, LLM, robotización… ¿estaremos viviendo el final de mundo tal y como hoy lo conocemos?

En Estados Unidos, las empresas más avanzadas ya no contratan solo cabezas humanas ( o como dicen los guays Headcounts ) . Contratan también cabezas digitales: agentes de IA que trabajan 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. Sin bajas, sin conflictos con el comité de empresa ni con los sindicatos, sin revisiones salariales anuales eternas ni necesidad de seguro médico. Como ya escribí en mi artículo sobre IA Agéntica, los departamentos de RRHH más avanzados ya no hablan solo de FTEs (Full Time Equivalents), sino que tienen muy en cuenta cuántos agentes digitales acompañan a cada persona real. Y esto, siendo honesto, lo dice alguien que piensa que lo más complicado de liderar un equipo son las personas. No lo peor: lo más complicado. Que conste.


La paradoja española: más IA, menos productividad

Y aquí viene lo que más me preocupa, y que ya desarrollé en mi artículo sobre la paradoja silenciosa de la IA. En España, muchas empresas están incorporando herramientas de inteligencia artificial de forma táctica y no estratégica. No están rediseñando procesos ni reorganigrama. Están poniendo parches.

¿Y qué ocurre? Que en lugar de eliminar trabajo, lo están duplicando. Se generan informes que antes no existían. Y esos informes hay que revisarlos. Y sobre esas revisiones hay que tomar decisiones que antes tampoco existían. El resultado es paradójico y absolutamente real: más velocidad individual, más lentitud colectiva. Instalamos motores de Fórmula 1 en estructuras diseñadas para circular a 60 km/h.

Las decisiones de contratación en muchas compañías españolas siguen tomándose con los mismos criterios de siempre, ignorando por completo que la variable tokens —es decir, el acceso real y suficiente a herramientas de IA— es hoy tan relevante como el salario. Un profesional con acceso limitado a LLMs en 2026 es como un profesional sin ordenador en 1995. Funciona. Pero mucho peor.


Los nuevos puestos que ya están llegando

En Estados Unidos están emergiendo perfiles que en España todavía suenan a futuro: líderes de IA, revisores de outputs, decisores estratégicos con base en información de IA. Personas cuyo valor no está en ejecutar tareas, sino en supervisar, validar y decidir sobre lo que los agentes producen. Y al mismo tiempo, los puestos puramente administrativos, aquellos cuyo valor añadido se limitaba a procesar información, están desapareciendo. No porque la IA sea mágica, sino porque hace ese trabajo mejor, más rápido y sin cometer los mismos errores.

La pregunta que hoy deben hacerse los directores de RRHH —los de People, como prefiero llamarlos— no es cuántas personas necesito. Es: ¿cuántos tokens necesitan mis personas para desarrollar bien su función? ¿Y cuántos agentes digitales pueden trabajar junto a ellas?

El que entienda esto antes, ganará. El que siga negociando solo coches de empresa y cheques comida, llegará tarde.

Como siempre.


¿Ya negocias tus tokens en tus procesos de selección? Me encantará leerte en comentarios.


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